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LA ABADIA CISTERCIENSE DE BUJEDO DE JUARROS

Fr. Valentín de la Cruz.

Explicación filológica del nombre Juarros: La base euskérica es zuhar “olmo”. La forma originaria debió de ser ZUARRA, con el significado de “olmedal”. La tendencia a querer expresar la forma con estructura pluralizada originaría la desinencia –ARROS.
            Tampoco habría que descartar totalmente un origen basado en la oriundez de los habitantes. Quizá el topónimo significase “habitantes oriundos de ZUARRA”: piénsese en el tipo de topónimo: castellanos, vizcaínos, asturianos, cadiñanos, narros (navarros).

En la Antigua Edad.

            Dentro de los límites juarreños se han verificado hallazgos prehistóricos en Ibeas (yacimiento musteriense en Venta Candil y hachas pulimentadas); aledaño a Bujedo, en Cabañas han aparecido hachas del neolítico y una espada de la Edad de Bronce.

            Tampoco Roma ignoró esta comarca. Los arqueólogos han seguido una vía que, arrancando de la que desde Lara subía por Los Ausines, seguía por Palazuelos de la Sierra, donde le llaman Camino Ancho, pasaba entre Cabañas y Santa Cruz, rozaba San Adrián y Brieva y llegaba a Arlanzón. No es extraño, pues, que se hayan encontrado restos de vida romana en Santa Cruz (término de la Vieja), en Salgüero de Salce, hoy despoblado. La presencia visigoda en la inmediata zona de Lara hace pensar que también los godos conocieron y explotaron la comarca de Juarros. Hay un dato que eleva la sospecha a evidencia en la ermita de la Virgen del Cerro, cerca de Cueva de Juarros, sobre la carretera central de la comarca, en la que se aprecian elementos de escultura visigótica. Si esos canecillos son auténticos habría que aceptar un poblamiento entre los siglos V y VIII, cosa nada imposible dada la actividad goda en Lara.

Administración política.

            La primera ensambladura administrativa se hizo en el siglo X y se realizó en el noble alfoz, cuya titularidad ostentó Santa Cruz.
            El alfoz, palabra de clara etimología árabe, es la división territorial del condado. Dentro de él, los concejos de las aldeas y villas tejerán la red de sus términos municipales. Su origen debió ser estrictamente castrense, derivado de la condición peculiar de la expansión castellana frente a la morería. Porque alfoz “es el territorio sujeto a la jurisdicción y gobierno de un castillo en el que reside el delegado del conde que ejerce la autoridad en el territorio con el nombre de iudex, senior o tenente”.
            El alfoz agrupaba una serie, generalmente no muy larga, de localidades, cuyos vecinos miraban al castillo, y a los otros castillos subsidiarios de la defensa que podría haber, como una garantía de seguridad. El conde nombraba al tenente de la fortaleza y éste ejercía por delegación las funciones de defensa, justicia y hacienda. Era una administración rudimentaria que, sin embargo, ha tenido una larga vigencia a través de la organización eclesiástica, cuyos arciprestazgos hasta tiempos muy recientes solían coincidir con los límites de los alfoces.
            El alfoz de Santa Cruz de Juarros, de cuyo castillo sólo queda el nombre en un cerro junto a la población, lindaba con los de Arlanzón, al norte; Oca, al este; Lara, al sur y Burgos y Ausín, al oeste. En la Castilla de los condados anterior al unificador Fernán Gonzalez, este alfoz se encuadraba en el condado de Burgos y resultaba limítrofe con el de Lara.
            Cuando la seguridad, derivada del alejamiento de las líneas castrenses de la reconquista, fue agrietando los castillos de los alfoces, la administración que se impuso fue la de la merindad. A medida que Castilla fue alargando sus fronteras y el condado se convirtió en reino, la administración castellana sufrió una profunda transformación, aceptando la merindad al norte del Duero y la comunidad de villa y tierra al sur del mismo río.
            Los antiguos alfoces se agruparon en una gran merindad de Castilla Vieja, que resultaba en extensión y límites bastante aproximada al condado fernangonzaliano. Esa meridad de Castilla Vieja se dividía en otras diez y nueve, por esta razón llamadas menores. Una de ellas, la mas antigua, llamada precisamente de Castilla Vieja, se dividía en otras también dichas merindades, que con ligeras variantes han llegado hasta nuestros días dentro del actual partido de Villarcayo.
            A diferencia del alfoz, la merindad acentuaba su presencia en lo judicial y en lo administrativo sobre lo castrense. El rey o el merino mayor nombraba a cada uno de sus responsables en las merindades menores, los cuales entendían con preferencia en aquellos asuntos que implicaban la llamada “voz del rey”.
            Pero, con segura extrañeza para el lector, en la organización castellana confiada a los merinos, la tierra de Juarros fue incluida en la merindad de Castrojeriz.
            Cuando, por orden de Pedro I, se registre en el Becerro famoso la situación socio-económica de los poblamientos de las merindades, aparecen por este orden los lugares de Juarros:
            San Andrés de Ibeas.
            Alcueza de Mozoncillo.
            Cueva.
            Cuzcurrita.
            Espinosilla.
            Santa Cruz de Juarros.
            Brieva.
            Salgüero de Muera.
            Ibeas.
            San Adrián.
            En la relación faltan los actuales San Millán de Juarros, reductible al monasterio premostratense de San Cristóbal y Cabañas y Matalindo, entonces probables granjas de la abadía de Bujedo.
            Las noticias sobre la Junta de Juarros se suceden mas espaciosamente de lo que deseáramos. A fines de siglo XIV hallamos otro dato sobre su actividad, dedicada en este caso a pastos y montes, ocasión en la que se mencionan expresamente Brieva, Ibeas, Cueva, Cuzcurrita, Mozoncillo, San Adrián, Salgüero y Santa Cruz.
            Dos siglos después, en 1571, se opera un cambio importante en Juarros, en materia jurisdiccional, que favorecerá la posterior integración de la comarca en el partido judicial de Burgos. En esa fecha, don Gómez Manrique, conde de Castrojeriz y de la casa de los adelantados de Castilla, vende a la ciudad de Burgos la jurisdicción de Juarros y de la Mata por la importante cantidad de 8.150 ducados. Así, la merindad de Castrojeriz perdía virtualmente su enclave oriental, tras varios siglos de relación administrativa.
            La situación municipal ha sufrido en Juarros drásticas modificaciones desde 1833. Hasta entonces todas las localidades de la comarca conservaban su autonomía municipal dentro de la también autónoma jurisdicción. La división de 1833 respetó todos los ayuntamientos existentes “aunque su población no llegue a los cien vecinos”, tasa que afectaba de lleno a Juarros y que hizo de la provincia de Burgos, con 734 alcaldes constitucionales, la más poblada de tales autoridades de España.
            Pero tal generosidad era contraproducente, por resultar microscópica en muchos sitios, y en 1845 se ordena suprimir los ayuntamientos independientes en los lugares que no alcancen los 30 vecinos (150 habitantes). En consecuencia, para 1858, en Juarros habían desaparecido los siguientes ayuntamientos:
            Brieva, 89 habitantes: Se agrega a San Adrián.
            Cuzcurrita, 90 habitantes: Se agrega a Cueva.
            Espinosa, 52 habitantes: Se agrega a Cueva.
            Modubar de San Cibrián, 176 habitantes: Se agrega a Cueva.
            Mozoncillo, 194 habitantes: Se agrega a Salgüero.
            San Millán, 255 habitantes: Se agrega a Ibeas.
            Juarros quedó, pues, reducida a cinco administraciones municipales: Cueva, Ibeas, Salgüero, San Adrián y Santa Cruz y así funcionó durante más de un siglo, hasta que en 1978 se hizo otra reducción ante la drástica despoblación y costos crecientes de la administración local: el ayuntamiento de Cueva fue incorporado al de Ibeas. Esta unión fue sólo un preludio de la que se realizaría al año siguiente y con la que los ayuntamientos de Salgüero y de Santa Cruz se integraron en el ayuntamiento de Ibeas. Así, la vieja comarca quedó resumida en dos municipalidades: la de Ibeas y la de San Adrián.

Población.

            Los datos más antiguos de población absoluta que conocemos se encuentran recogidos en la Memoria de las iglesias parroquiales que tiene el arzobispado de Burgos y de los vecinos que cada lugar tiene,  correspondiente al año 1587. Los núcleos de Juarros aparecen en su mayoría dentro de la Abadía de Foncea, siendo el de Santa Cruz de Juarros el de mayor población y con diferencia, ya que cuenta con 80 vecinos, seguido muy de lejos por Ibeas que reúne a 40 vecinos y oscilando el resto entre los 24 vecinos de Cueva y de San Millán y los 14 de Brieva.
            El estado comparativo completo entre el número de vecinos que con contaba cada uno de los lugares de Juarros, no todos; y el número de familias existentes en los mismos en 1981, último año de estadísticas nacionales, puede observarse en el siguiente cuadro:

 
Vecinos en 1587
Familias en 1981
Brieva
14
-
Cabañas
16
7
Cueva
24
13
Cuzcurrita
13
19
Espinosa
10
4
Ibeas
40
90
Salgüero
22
18
San Millán
24
38
Santa Cruz
80
29
TOTAL
243
218

La repoblación de Juarros.

            Dada la escasa densidad demográfica de los tiempos pretéritos, ignoramos en qué grado exacto afectó a la comarca de Juarros la despoblación estratégica, la instalación “in patriam”, de los núcleos urbanos situados entre los sistemas orográficos del centro y norte peninsulares.

            La recuperación tardó en alcanzar estas tierras más de siglo y medio después de la instalación del poder árabe en España (a. 711). Hasta los años 80 del siglo IX no llega la acción de la primitiva Castilla a las orillas del Arlanzón, instalando en la margen derecha la fortaleza de Burgos. Muy poco después, Juarros comienza a motearse de aldeas de acuerdo con las normas y técnicas de la repoblación de esta parte del reino.  Se reparten y roturan campos; se señalan las sernas y bosques comunes; se sueltan rebaños, principalmente de cabras y ovejas; se habilitan viviendas e iglesias; en los breves cauces de agua se instalan molinos maquileros; algunas familias erigen monasterios familiares y hasta se atreven a plantar vides para obtener un vinillo ácido que cumpla en la liturgia y aporte calorías a los trabajadores.

            No es posible señalar, dentro del marco dicho, la fecha exacta en la que nacen los distintos poblados de Juarros; las noticias documentales se producen cuando estas comunidades contaban décadas de vida. La carta más antigua que conocemos, referida a esta comarca, proviene del monasterio de Cardeña y en ella leemos que, en 3 de febrero del año 921, Gonzalo, hijo del llorado conde Diego, fundador de Burgos, juntamente con su esposa María, donan a la abadía de Cardeña unos molinos que poseen entre Villalbura(1) , hoy despoblado y Castrillo del Val. Se menciona a Ibeas: “Agua de Ebeia”. Junto con los hijos del conde Diego y otros personajes, firma Gonzalo Gustios, cuyo linaje aparecerá a mediados del siglo en tierras de Lara y en la tragedia de los Siete Infantes.

            En el verano de ese mismo año, 921, la abadía cardeñense, intentando redondear el espacio de los molinos dichos, compra al matrimonio Velasco y Vila y a sus cinco hijos una tierra que poseen “en la villa que llaman Ibeas, junto a nuestros molinos”, por el precio importante de diez sueldos de plata.

            Durante el gobierno del conde Fernán González, hay una donación de este mandatario al monasterio de San Julián y Santa Basilisa de Bezares o del Monte, situado en el alfoz de Oca, pero lindante con Juarros. Es del año 964. 1 de enero, y en él se menciona expresamente a Brieva de Juarros; al limitar el coto redondo del monasterio, el escribano señala: “Aquellos montes que parte términos con Urrez, Brieva y Cabrera”.

            Con el lugar de Espinosa de Juarros se relaciona un documento de 23 de mayo del 964, dictado por un miembro del linaje de los Gustios, don Diego, probable hermano de Gonzalo Gustios, el mismo que, por mandato del conde García Fernández, poblará y aforará Salas en 974, cuyos hijos, los Siete Infantes y el vengador Mudarra, serán protagonistas del famoso poema. Diego vende al abad Esteban de Cardeña una parte de la dehesa y bosque de Elcineto, entre los pueblos de Juarros y los Modúbares. Se puntualizan escrupulosamente los linderos y se habla de caminos, lo que revela una avanzada colonización de la comarca. Así, se menciona uno, definido como “firme”, que llegaba hasta Palazuelos de la Sierra, cruzando al norte el actual coto de Bujedo; y otro, un sendero, que nacía en Espinosa de Juarros(2) .

            Datada en 1 de marzo de 970 hay una carta muy interesante. En la fecha, el abad Oveco, del monasterio de San Adrián, compra por diez sueldos de plata dos adras de dos días y dos noches de duración, cada quince días, “en el molino que se llama de Fuente Nafarra... el cual molino se incluye en el término de Cuzcurrita... La venta se hace a ti Oveco, abad y a la comunidad del monasterio de San Adrián y a los penitentes del mismo”.

            El documento, en el que también firma como testigo Gonzalo Gustios a quien se llama “potestad”, evidencia que San Adrián era entonces solamente un monasterio que empezaba a generar la actual villa del mismo nombre. El cauce molinar se sitúa en el “río de Ibeas”, en el Arlanzón, y no en el Cueva, lo que significa que en aquel momento la jurisdicción de Cuzcurrita alcanzaba hasta la orilla izquierda del Arlanzón y que no existía aún la villa de San Millán, cercana al puente. El notario generó otro problema, tangencial en este libro, al datar el diploma a “tres días de las calendas de marzo, Era 1008, siendo rey Ramiro en León y conde García Fernández en Castilla”.

            Dos años más tarde, 28 de mayo de 972, el joven conde García, “el de las manos blancas”, otorga al abad Endura de Cardeña un amplio uso y una clara jurisdicción sobre los bosques y dehesas de la comarca y señala algunos de los lugares afectados: “Los Ausines y los Modúbares, las Revillas y Cueva y Cuzcurrita y Espinosa y los Castrillos”...

            Santa Cruz de Juarros no es mencionada documentalmente hasta el año 1032. En 29 de abril, el matrimonio Diego y Teresa incluyen en la abadía de Cardeña, representada por el abad don García, a su monasterio familiar de San Miguel situado “en la villa que llaman Espinosa, en el alfoz de Santa Cruz de Juarros”. La mención es bastante tardía en relación con el nacimiento de Santa Cruz, pues ya aparece ésta como cabeza de alfoz y que todavía hoy guarda el topónimo referido al asiendo de su viejo castillo. Ésta es también la primera vez que leemos escrito el nombre de Juarros, dato que ha merecido su explicación. En otro diploma de 1047 se señalará que Espinosa “es un suburbio de la que llaman Santa Cruz”. Parece que a mediados del siglo XII (1151) ya tenía entidad urbana San Millán, cercano al puente del Arlanzón.

            En 1070 nos tropezamos felizmente con el nombre de Bujedo. Sucede que en 26 de junio de ese año, el presbítero Argisco “entrega su cuerpo y su alma, en el nombre del Redentor” en presencia del abad García y en la casa de los santos apóstoles Pedro y Pablo y de san Martín, obispo, cuya basílica está levantada a la orilla del río Arlanza. La jornada es festiva en la abadía condal y de desarrolla de acuerdo con el ritual benedictino: a la agregación de Argisco precede en la sala capitular la renuncia y entrega de bienes.

            Han llegado personajes conspicuos de la corte del rey Sancho, al que matará Bellido Adolfo en la cerca de Zamora. Ante ellos, ante el abad y los monjes, el escriba lee el documento en el que se relacione la dote que aporta Argisco. Parece que el clérigo había prestado particulares servicios a Sancho II y éste le había premiado con algunas haciendas en las tierras que se levantan hacia la Sierra desde la meseta burgalesa. Por eso, la carta reconoce expresamente la liberalidad regia.

            Argisco entrega al abad Garcia y a su monasterio su persona y sus bienes: “Me entrego con toda mi hacienda”. Los bienes afectados son los siguientes: ajuar personal (“vestimenta”), ganados (“mulos, cavalos, oves et bobes”), en la ciudad de Los Ausines, las iglesias de San Juan y de Santiago Apóstol. A esta iglesia, quizá familiar, hay unidos unos bienes que se pormenorizan así: la heredad que va desde la casa de Domingo Anáñez al huerto de Gutierrez; una serna bajo los huertos de Quintanilla, lindante con Galindo Herrero; sendas partes en el huerto y en la herrén de Oveco Anáñez, una tierra, dos sernas y una viña de aranzada y media; se señalan otras cuatro viñas y otra serna; en el monilo de Juan Ramírez, cada quince días, una adra de día y otra de noche. Finalmente dicta: “Y en Bujedo concedo unas casas con todos los anejos que a ellas pertenecen”.

            Tras la lectura de los anatemas y de la datación, los testigos se acercan a firmar. Son personajes que hacen la política del reino; nos son perfectamente conocidos y los podemos seguir por estas fechas, juntos o separados, en escrituras públicas. Son los siguientes: Diego Alvárez; Gonzalo Salvadores; Fernando Rodríguez; Faño Fañez; Alvaro Salvadores; Muño; Apre; Rodrigo Díaz; García Ordoñez; Alvaro González; Muño Fernández y Pedro Miguélez. (Los magnates más influyentes parecen ser el conde de Bureba, Gonzalo Salvadores y su hermano Alvaro; Rodrigo Díaz de Vivar, alférez del rey Sancho, el glorioso Cid Campeador; su emparentado Faño Fáñez, padre, quizá, del gran capitán Alvar Fáñez; García Ordoñez, el “enemigo malo” del Cid, que, por cierto, será tronco de los García-García (Garciez) que emparentarán con los Marañón y se convertirán en los fundadores del monasterio de Santa María de Bujedo de Juarros. García de Arlanza es uno del “poker” de abades que la orden benedictina y la diócesis de Burgos celebran como santos; los cuatro fueron amigos: san Iñigo de Oña, san Sisebuto de Cardeña (el abad don Sancho del poema del Mío Cid), santo Domingo de Silos y san García de Arlanza.)

El monacato en Juarros.

            La institución monacal avanzaba con la repoblación. Era uno de sus inevitables elementos humanos...

            Juarros no podía ser una excepción, pues sabemos que la implantación castellana, tras la tenue o total despoblación estratégica del siglo VIII, actuó con la misma dinámica que en el resto del condado. La referencia monacal más antigua es la de San Adrián, en el año 970; pero bien se puede asegurar que para esa fecha actuaban varios monasterios en la breve comarca.
            En el centro de Juarros, en un vallejo, cercado de robledal, que vierte sus aguas en el riachuelo Salgüero, un abad y sus monjes observan sus leyes bajo el patrocinio de san Adrián. A los monjes les interesa molturar los cereales de su hacienda para ahorrarse las maquilas comunes: llegan a un acuerdo con el matrimonio ¿¿?? propietario y con su hija Urraca...
            Este monasterio de San Adrián prolongó su existencia hasta el año 1107, sin que sepamos más noticias de él que las señaladas en torno al molino de Fuente Nafarra o Nafarruri. En algún momento del siglo XI, San Adrián entro en la órbita familiar del matrimonio Alvaro Díaz y Teresa Ordoñez, próceres de la corte de Alfonso VI y abastados de bienes en estas comarcas del reino.
            Alvaro Díaz y Teresa Ordoñez preferían en sus devociones a otro monasterio de Juarros: al de San Cristóbal de Ibeas. Carecemos de elementos para precisar sus orígenes, que deben ser colocados a principios del silgo X, ya que parece excesivamente tardía “la primera noticia que he encontrado; se halla en la Historia del Cid, que dice que los infantes llevaron el cadáver del Cid al monasterio de Ibeas” (esto lo dice Fr. F. Berganza en Antigüedades de España).
            Los Díaz-Ordoñez intentaron convertir su monasterio de San Cristóbal en un centro religioso de alguna importancia, pretensión difícil, aunque solo fuera por la vecindad de la prepotente abadía de Cardeña, en auge evidente durante el reinado de Alfonso VI y que poseía un elevadísimo porcentaje de tierras, aguas y derechos en el alto Arlanzón. Separaron una masa importante de sus bienes que, por instrumento notarial de 27 de diciembre de 1107, entregaron a nuestro fiel Domingo, abad de nuestro propio monasterio de San Cristóbal de Ibeas. Entre los bienes que transfirieron se menciona al monasterio de San Adrián: “Damos igualmente el monasterio de San Adrián, que está al lado de Santa Cruz, con cuanto allí nos pertenece, a saber: collazos, solares poblados y despoblados, tierras, viñas, huertos, prados y molinos, pastos y dehesas con todas sus servidumbres. (En 1071, 10 de marzo, San Adrián había sido donado al monasterio de San Juan de Burgos, y a su prior Esteban. La donación la ejecutaban doña Teresa y su hermana doña Estefanía. Pero, a la vista de la documentación posterior de San Cristóbal de Ibeas, debemos dudar de la eficacia de la donación de entrambas hermanas).

            Esta carta de los Díaz-Ordoñez, avalada por las firmas de personajes tan notorios como el alférez regio, García Alvarez, y por el conde García Ordoñez, que quizá fuera hermano de la donante, fue el comienzo de un notable incremento de la abadía de San Cristóbal. Tras alternativas varias, el monasterio, que al parecer practicaba la llamada regla de San Agustín, cayó en 1151 en la órbita de la orden premonstratense. [Sin embargo, esto es nota mía, en “Documentación de la Catedral de Burgos 804-1183”, de José Manuel Garrido Garrido, hay un documento del 9 de julio de 1160 en el que, en una donación que se hace a SCI, se dice: “... Ego, Sanctia Diez, germana dompne Tote, pro remissione peccatorum meorum et salute anime mee ac parentum meorum, necnon mariti mei, Patri Gunzaluet, do tibi, Roderico, abbati, et concedo fratribus Sancti Christofori in Euea degentibus, uidelecit, ordinis Sancti Agustini , totam hereditatem meam in hac pagina descripta...”]

            De otros tres monasterios juarreños hallamos huella documental. Uno es el de San Miguel de Espinosa, que el matrimonio Diego Muñoz y Teresa anejan a la abadía de Cardeña, en 29 de abril del año 1032. Entre Ibeas y Villalbura existía otro monasterio bajo el título de San Mamés; Fernando I de Castilla lo anexionó a Cardeña, por intercambio con la iglesia de San Lorenzo, que la abadía de San Pedro tenía en Burgos. Con estas y otras donaciones, el patrimonio del monasterio cidiano se acrecentaba enormemente en Juarros, dato que habrá de tenerse en cuenta al analizar el dominio material de la abadía de Bujedo. Otro monasterio aparece tenuemente en la documentación; se nos dice que se titulaba de la Santa Cruz y que se levantaba precisamente en la villa capital del alfoz, en Santa Cruz de Juarros.

 


(1) Hasta tiempos muy recientes, en los campos de Villalbura, se celebraba cada 11 de junio, fiesta de San Bernabé, la llamada “feria de las criadas”. En esta fecha, tan próxima al verano, los labradores acudían a Villalbura para contratar segadores, pastores y criadas “hasta San Miguel” (29 de septiembre).

(2) “Via de Karros que (sic) vadit ad Palatiolos; et de quarta parte, sendero que exit de Spinosa...” Esa “vía de Karros” se refiere a la carretera romana que sabemos atravesaba la comarca.

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